Desde el yo.

Desde el yo.

Sí, lo hemos dicho ya varias veces en este blog, pero la capacidad asertiva es muy recomendable —por no decir imprescindible— para que podamos mantener una óptima salud psicológica.
Recordemos: La asertividad es la habilidad de expresar nuestras opiniones y demandas a los otros desde un punto medio situado entre la pasividad (no hacer nada) y la agresividad (montar una bronca). La ausencia de capacidad asertiva en una persona suele ocasionar pequeños malestares en el día a día de las personas que, poniéndonos en lo peor, podrían llegar a problemas más profundos.
Imagina a una persona que no es capaz de expresar ninguna de las cosas que desea. Si ese patrón de conducta se mantiene, la posibilidad de conseguirlas disminuirá significativamente. Ese podría ser el inicio de, por ejemplo, una depresión. Ahora piensa en alguien que no es capaz de negarse a nada de lo que le piden. Su día a día se llenaría de obligaciones muchas veces innecesarias… un buen caldo de cultivo para el estrés ¿no? Lo mismo ocurre si somos incapaces de expresar a los otros lo que nos causa malestar de sus conductas y, si tenemos derecho, pedirles que dejen de hacerlas. ¡Llevado al extremo no saldríamos de casa! Tendríamos muchas probabilidades de desarrollar una fobia hacia los otros. Continuamente sentiríamos ansiedad ante la presencia de otras personas porque estaríamos a su merced, sin otra posibilidad que acatar sus decisiones.
Algunas de las personas cuya capacidad asertiva no está lo suficientemente asentada utilizan frases como “es que si le digo a mi amigo que no me gusta lo que hace, se enfadará conmigo” o “para que voy a dar mi opinión, lo único que conseguiré es crear mal ambiente”. Y es que el miedo a ofender al otro es uno de los grandes impedimentos para estas personas… pero eso no tiene por qué ser así.
Si eres de los que te ocurre lo explicado en el párrafo anterior, permítenos darte un consejo. Es algo muy sencillo: “habla desde el yo”. Lo contrario, “hablar desde el tú”, suele ser bastante problemático y obstaculiza la comunicación. Pongamos un ejemplo. Piensa en una situación tan común como estar explicando algo pero tu interlocutor no lo entiende. Habría dos formas de atajar ese escenario. La primera es hablando “desde el tú”, podrías decirle algo como “no me entiendes”. Observa que aquí la responsabilidad la estás poniendo en él —es esa persona la que incapaz de seguir tu mensaje—. Pero también puedes “comunicarte desde el yo”, decir algo como “a lo mejor no me he explicado bien”. ¿Ves la diferencia? Ahora estás admitiendo tus emociones y se las estás mostrando haciéndote responsables de ellas in atacarle. ¿No te parece una manera más efectiva de manejar la situación?
Y después del consejo, una advertencia: “hablar desde el yo” parece fácil, pero mantener esa actitud en el día a día y, sobre todo, en los momentos de tensión no lo es tanto. Así que tendrás empezar a practicar cuanto antes…

Psicox, tus psicólogos en Bilbao.

Desde el yo.

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