¡Presión!

¡Presión!

Todos somos víctimas de la presión social y, al mismo tiempo, un poco verdugos. Seguro que alguna vez, la decisión que has tomado ha sido mediatizada por lo que te rodea. Bueno, nos pasa a todos: compramos ropa que está de moda, somos del mismo equipo de fútbol que la mayoría de la gente cercana, vamos a ver la película taquillera de la semana y la lista podría eternizarse.
No es malo dejarse llevar por la presión social en algunos momentos. De hecho, los seres humanos somos gregarios y tendemos a seguir al grupo. Sin embargo —como con casi todo lo que tiene ver con el comportamiento humano—, el exceso puede ser perjudicial.
Una persona podría sentir una fuerte ansiedad por la preocupación de satisfacer todas las demandas que le llegan del ambiente/sociedad. O también podría aparecer la depresión al constatar que, efectivamente, no puede cumplir todas esas demandas.
También el lado opuesto es negativo. Huir del contacto con la sociedad nos convertiría en ermitaños alejados de todo (lo que los psicólogos llamamos conductas esquizoides). Por eso, como dice el dicho, en el medio está la virtud.
Existe un clásico experimento de “conformidad con el grupo” diseñado por Solomon Asch que demuestra la fuerza de la presión social.
Asch presentaba una línea vertical, que llamo modelo, a una serie de estudiantes y después, otras tres nombradas con las letras A, B, y C. Tal y como muestra la imagen superior. Los participantes tendrían que responder a una sencilla pregunta ¿Cuál de las tres líneas (A, B, C) era de igual tamaño a la modelo?
La respuesta era sencilla, con un simple vistazo podría deducirse la respuesta: C. Sin embargo, el experimento guardaba alguna sorpresa porque todos los sujetos menos uno estaban compinchados. ¡Solo había un participante real! A pesar de que la respuesta era evidente, los falsos participantes contestaban erróneamente y ante el resto de las personas. Imaginemos que la respuesta que daban era la A.
¿Qué creéis que hacía el único participante real al escuchar las otras contestaciones? ¡Cambiaba su respuesta y decía la A! ¡Aun sabiendo que eso no era así! Y eso ocurrió la mayor parte de las ocasiones que se realizó el experimento.
¿Y tú? ¿Sucumbirías ante la presión social en este caso? ¿Sentirías ansiedad al escuchar las respuestas de tus compañeros viendo que te llega el turno de contestar? ¿Cómo gestionarías ese estrés? ¿Cambiarías de respuesta?

Te dejamos un video de YouTube donde puedes ver la recreación del experimento.

 

Psicox, tus psicólogos en Bilbao.

 

¡Presión!

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