Yo pienso que…

Yo pienso que…

Cuando opinamos lo mismo que la persona que tenemos frente a nosotros, por lo general, nos sentimos bien. De hecho, tendemos a juntarnos con aquellos cuyos puntos de vista compartimos. Pero también es bueno (y necesario) compartir momentos con los que difieren de nuestras ideas. Es importante no caer en la trampa de pensar que la realidad es exactamente como nosotros la vemos. Por esa razón, resulta conveniente pasar tiempo con gente que tenga diferentes opiniones.

Sin embargo, a algunas personas, esta situación no les resulta cómoda y, en determinados casos, pueden llegar a desarrollar altos niveles de ansiedad o estrés (y si esa circunstancia se prolonga en el tiempo, podría desembocar en depresión). Así­ que es conveniente saber cómo actuar en esos momentos.

El experto en comunicación P. Watzlawick habló de relaciones simétricas y complementarias. Para explicarlo de la manera más sencilla -aunque con una evidente falta de matices- diremos que las relaciones simétricas se crean cuando dos personas tienen una misma opinión y las complementaria cuando difieren en sus puntos de vista. Es decir, en una relación simétrica “yo digo A y el otro dice A”, en una complementaria “yo digo A y el otro B”.

Observa que en las relaciones complementarias no son “yo digo A y el otro no dice”… ese es el error que cometemos habitualmente. Ver la disparidad de opiniones como excluyentes cuando en la mayorí­a de ocasiones no es así­. Vuelve al párrafo anterior: “yo digo A y el otro B (o C, D,E…)”. Esa es la forma correcta de verlo. Haciéndolo así podemos ir matizando o ampliando nuestra opinión A con algo de B y también al contrario. El objetivo final es que la opinión A y la B se sumen y no resten. Tenemos que esforzarnos en convertir las opiniones divergentes y complementarias ¿Cómo?

Para averiguarlo tendrás que esperar a la próxima entrada de este mismo  blog…

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