Emociones: evolutivamente imprescindibles, a veces problemáticas en nuestra vida diaria.

Cuando hablamos acerca de que alguien sufre depresión, que tiene mucha ansiedad, que está triste, desesperanzado o al contrario, eufórico, feliz…hacemos referencia sin saberlo a emociones humanas.
¿Cómo se puede definir una emoción? No es fácil, la emoción como tal es solo una etiqueta, una manera de referirse a aspectos del cerebro y de la mente. Se gestan en el que llamamos cerebro primitivo, porque casualmente los mecanismos cerebrales que generan conductas emocionales se conservan casi intactos a través de una evolución que comprende miles de millones de años. Parece que la evolución haya dicho algo así como «Si funciona, no lo toques».
Las emociones no son algo que planeemos ni forcemos, simplemente, nos pasan. Cuando vamos por ejemplo al cine, a un concierto o a comer bien, lo que hacemos es buscar estímulos (imágenes, sonido, comida…) que ponen en marcha emociones que nos resultan agradables y satisfactorias. Pero tenemos poco control sobre nuestras reacciones emocionales. Si tratáis de fingir una emoción, veréis que es una tarea imposible. La mente racional tiene un escaso control sobre las emociones, y las emociones pueden en ocasiones «tomar como rehén» la consciencia. Al contrario de lo que creemos, somos seres emocionales.
Las emociones son funciones que tienen que ver con la supervivencia. El cerebro tiene un mecanismo para la detección del peligro, para hacernos reaccionar de una forma rápida y apropiada. Por ejemplo, si ves que a pocos metros de ti un coche pierde el control y se acerca peligrosamente en tu dirección, ahí no tienes tiempo para pensar «Mmmm…parece que ese coche se ha salido de la carretera y viene directo hacia mí. ¿qué puedo hacer?» Hay que actuar rápido, a veces en milisegundos, y la emoción es la que prepara cuerpo y mente para ello. En esos casos, la función cerebral que subyace es la defensa contra el peligro, la supervivencia, por eso los mecanismos que han sido útiles para sobrevivir se han mantenido con su estructura y funciones básicas a lo largo de la evolución. Parece que la evolución haya dicho algo así como «Si funciona, no lo toques».
En la lucha por dominar la naturaleza, hemos creado nuevas formas de peligro: coches, aviones, armas… y a su vez, como tenemos consciencia de ellos, nuevos miedos. Y el miedo, ya sea a algo real o imaginario es una emoción esencial en problemas de índole psicológica. El miedo forma parte de nuestra vida diaria, pero la ansiedad es un miedo exagerado por lo que puede ocurrirnos, como las fobias son miedos específicos (por ejemplo a las arañas, a las serpientes, a las alturas, a situaciones sociales), pero llevados al extremo.
El miedo está en nuestros genes, estos nos proporcionan la materia prima a partir de la cual formamos nuestras emociones. Pero el modo exacto en el que actuamos, pensamos y sentimos ante una situación específica lo condicionan otros factores no predeterminados en nuestros genes (educación, aprendizaje…), es decir, las emociones tienen una base biológica, pero los factores sociales y cognitivos son muy importantes.
El condicionamiento del miedo no solamente es rápido, sino también muy duradero. Una vez establecido, el miedo condicionado no se olvida. La imposibilidad de librarnos de ese miedo tiene dos caras: por una parte, es de vital importancia retener esos datos de estímulos y situaciones asociados al peligro. Por otro, esos potentes recuerdos pueden aparecer en la vida corriente, en las que no son precisamente útiles y provocar trastornos en el funcionamiento normal de la mente, causando ansiedad, depresión…
En esos casos, es necesario que la parte racional, esa que nos define como seres humanos, se imponga a la emocional, que se dé un cambio cognitivo, esto es: de forma de pensar y analizar la realidad. A veces, la persona por sí sola no puede lograr ese cambio con facilidad y necesita ayuda externa, como una psicoterapia. A pesar de las dificultades iniciales, esos logros adquiridos sirven para enfrentarse satisfactoriamente en un futuro a variadas situaciones y estímulos que puedan surgir.
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