¡NO UTILICES TUS PODERES!
O, por lo menos, los que crees tener. Deja que me explique. La psicología cognitiva afirma que gran parte de nuestros desajustes emocionales provienen de una mala interpretación de los hechos que nos rodean, de pensamientos que se disparan en nuestra cabeza cuando no es el momento y de afirmaciones que creemos a pies juntillas aunque en realidad son una gran mentira.
Es posible que a un depresivo sienta una fuerte tristeza porque está seguro de que sus amigos no tienen el mínimo cariño por él. Sin embargo, también es muy posible que esa hipótesis sea errónea y sea muy querido por todos… aunque él no lo vea así.
De la misma forma, una persona que padece fobia a las arañas puede desarrollar una intensa ansiedad al encontrarse con uno de sus odiados animales porque cree que si le pica contraerá una mortal enfermedad. ¡Pero la mayoría de las arañas son inofensivas! Así que el pensamiento que “activa” ese estado no es real. ¡Su ansiedad ha aparecido por una mala interpretación!… a no ser, claro está, que esté ante una auténtica viuda negra (en ese caso, mejor correr).
Albert Ellis —uno de los más importantes teóricos cognitivos— matizaba aquello de que el ser humano es el único animal racional. “El ser humano es el único animal racional e irracional al mismo tiempo” solía decir.
Uno de los errores de pensamiento que todos cometemos a menudo y que pude llevarnos, en casos extremos, a desarrollar ciertos trastornos (depresión, ansiedad, fobia social, agorafobia, obsesiones…) es el denominado “lectura de la mente”.
En muchas ocasiones creemos que somos capaces de saber lo que la gente que nos rodea está pensando. Y lo peor de todo es que nos convencemos con total seguridad de las conclusiones a las que llegamos. Sin embargo, es muy posible que estemos cometiendo un error y que nuestros futuros comportamientos estén siendo mediatizados por hipótesis falsas que nosotros mismos hemos creado.
Imagina que vas por la calle un día lluvioso y, sin darte cuenta, metes el pie en un charco de agua empapándote todo el zapato. Acto seguido, levantas tu cabeza y ves a un hombre frente a ti que te mira con el ceño fruncido durante unos instantes para después alejarse. A continuación, una idea invade tu cabeza: este tío piensa que soy idiota. Pocos segundos hacen falta para que esa hipótesis se convierta en tu realidad y estés convencido de que has hecho el ridículo ante ese desconocido.
Pero esa no es la verdad… o por lo menos no la verdad que se puede comprobar. No sabemos con seguridad si ese hombre ha pensado que eres un idiota. Lo único que conocemos con total certeza es que tú crees que él ha pensado que eres un idiota. Pero eso no es exactamente lo mismo. Quizá el gesto de la cara del anónimo observador intentaba mostrar compasión al vernos, o tristeza porque, simplemente, estaba pensando en otra cosa y ni tan si quiera ha reparado en nuestro pequeño accidente.
Puedes convencerte a ti mismo de que has leído la mente de ese tipo y que sabes exactamente lo que ha pensado, pero no es así.
La “lectura de la mente” es un error muy habitual que cometemos a menudo. En ocasiones las consecuencias son leves, pero en otras pueden agravarse. Imagina una persona que no sale de casa porque piensa que nadie quiere estar con él, o el depresivo del primer ejemplo que está convencido de que sus amigos no le quieren, o el estudiante que no se presenta al examen porque cree que su profesor le tiene manía y haga lo que haga no va a aprobarle.
No comentas el error de asumir que sabes perfectamente lo que la gente piensa de ti. Antes de eso, es mejor preguntar.
Psicox, tus psicólogos en Bilbao.
