Trastornos mentales en el cine (I): la mente escindida,»Psicosis» y «El resplandor».

A lo largo de la historia del cine, multitud de directores y guionistas han tratado en pantalla de forma recurrente los problemas mentales. Ansiedad, depresión, psicosis o conductas obsesivo-compulsivas han sido abordados en pantalla desde los más diversos géneros; el tono puede ser de drama, comedia o muy particularmente terror, dadas las reacciones que producen las representaciones de algunos de esos trastornos en pantalla grande.
El cine, con su poder evocador y de convocatoria, ha generado películas que se han covertido en indispensables y han pasado a formar parte irremediablemente del inconsciente colectivo. El séptimo arte genera sus propios mitos, y el caso de la enfermedad mental no es una excepción: en la pantalla grande se tiende a asociar el genio y la locura, otorgando al enfermo mental de una categoría elevada, como si se tratase de un ser superior (ej. «Una mente maravillosa», 2001).
Otro de los mitos más arraigados es el que asocia trastorno mental con violencia. Sobre todo los trastornos psicóticos, en los que existe en el sujeto una ruptura con la realidad, han sido la excusa perfecta para asociar (de forma no realista) la enfermedad mental con el crimen y el asesinato.
Veamos al respecto dos películas míticas, una una obra maestra absoluta como es Psicosis (1960), dirigida por Alfred Hitchcock y «El resplandor», dirigida en 1980 por Stanley Kubrick.
«Psicosis» es una de las películas imprescindibles de la historia del cine. Se basó en la novela homónima de Robert Bloch, que a su vez tomó como inspiración la vida del asesino en serie y necrófilo Ed Gein. A estas alturas no vamos a descubrir el enorme talento mostrado por Hitchcock y sus colaboradores, como el guionista Joseph Stefano y el músico Bernard Herrmann, sino a centrarnos en el que se convierte en personaje principal de la película después de un hábil giro de guión: Norman Bates, el dueño del motel en el que se aloja la protagonista Marion Crane. En el primer encuentro entre los dos, Norman se muestra simpático, tímido y algo nervioso. Parece un hombre tranquilo y educado, pero a medida que avanza la conversación va exteriorizando signos de ansiedad y tal vez depresión, parece haber en él una tristeza profunda, una especie de melancolía subterránea. Aparenta tener una relación ambivalente con su madre (Marion los oye discutir):Norman afirma querer abandonarla, pero a la vez parece depender por completo de ella. Todos sabemos lo que ocurre a continuación: la famosa escena de la ducha, el asesinato del detective y la impactante revelación final: la madre del gerente del motel Bates lleva ocho años muerta, Norman tiene su cadáver momificado y es él mismo vestido de mujer el que llevó a cabo el asesinato de Marion y el de el detective Arbogast, contratado para buscarla. En la mente de Norman se confunden su propia personalidad y la de su madre, y esta toma el control cuando Norman se ve atraído por una mujer.
En el escalofriante plano final, Hitchcock superpuso la imagen de una calavera al rostro de Bates, que refleja la caída total del personaje en ese abismo en el que se ha convertido su mente.
Otra película que visualiza de forma magistral el descenso imparable en la psicosis, donde fantasía y realidad se confunden, es «El resplandor». Basada en una novela de Stephen King, quien no quedó muy contento con los cambios llevados a cabo por el director Stanley Kubrick, «El resplandor» puede considerarse, al igual que «Psicosis», una obra maestra del cine de terror contemporáneo. El protagonista, un escritor llamado Jack Torrance, acepta el puesto de vigilante de invierno en el inmenso hotel Overlook, a pesar de que su director le advierte de la dura sensación de aislamiento que provocan allí el invierno y la nieve, que dejan al hotel incomunicado durante meses. Torrance ve en ello una gran oportunidad, puesto que está escribiendo una nueva novela y tranquilidad es lo que necesita.Precisamente, el director le cuenta también que hace diez años el vigilante enloqueció y asesinó a su mujer y a sus hijas pequeñas. La policía lo achacó a la llamada «Cabin fever»(la fiebre de la cabaña), una reacción claustrofóbica que se produce cuando la gente está encerrada en grupo durante mucho tiempo. Por supuesto, esto es una premonición de lo que les pasará al propio Torrance y a su familia (su mujer Wendy y su hijo Danny), porque transcurrido un mes en el hotel, Jack empezará a comportarse de manera extraña: se muestra irascible, malhumorado, lleva días sin dormir, escribiendo y escribiendo. Se va deteriorando, su mirada es cada vez más psicótica y su aspecto cada vez más desaliñado.Wendy, su mujer, comprobará horrorizada que lleva todo el tiempo escribiendo una misma frase. Jack está siendo absorbido por las fuerzas del hotel (una metáfora de la psicosis), y el espectador ya no sabe dónde acaba lo real y empieza el delirio, por lo que la película nos sirve de perfecta metáfora de esa mente escindida, que empieza a hacer caso de las voces que le ordenan que acabe con su familia.
Por supuesto que el cine en general y estas dos películas en particular se toman sus licencias (son muy infrecuentes los casos que llegan a esos extremos) y para personas con trastornos psicóticos puede resultar estigmatizante de la imagen que se da de ellos, por ello es preciso distinguir la ficción del mundo cinéfilo de la realidad de estos trastornos. Por otra parte, el uso que hace el cine de herramientas visuales y perceptivas que llegan a un segmento amplio de población, puede enseñar a la gente lo devastadores que resultan este tipo de trastornos para las personas que los padecen y para sus familias.
Psicox, tus psicólogos en Bilbao.
